5.1.17

la reina

Ayer, víspera de Reyes, la vi.
Había un trajín de gente para arriba y para abajo en la calle peatonal más comercial de mi Santa Cruz. Yo iba esquivando el bullicio en movimiento con la calma de quien lo tiene todo hecho; contenta, respirando el ambiente festivo, la música, las risas. Hasta los empujones. Uno de esos momentos en que la cabeza hace zoom y eres más espectadora que actriz.
Entró de repente en mi campo visual al abrirse un hueco entre el gentío, palestina al cuello, chaqueta de cuero, vaqueros, joven, guapa, dispuesta .
Y el bastón.
Veloz, oscilando de un lado a otro sobre el pavimento.
Fundido a negro.
Tres segundos de angustia reales se apoderaron de mí al empatizar con ella.
Me eché a un lado para dejarla pasar sin interrumpirla. Ella continuó tan valiente
Y yo, me sentí tan cobarde.

8 comentarios:

  1. La verdad es que son admirables. Yo no sé si podría vivir así.
    Besos, Lopillas.

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  2. Son momentos en que te sientes un privilegiado.
    Besos.

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  3. No hay que sentirse cobarde, y creo que tampoco hay que sentir compasión ni lástima. Pero sí creo, como bien dices, que hay que admirarlos: hacen de lo que para nosotros sería imposible un hábito cotidiano. Grandes.

    Y feliz 2017 ^^

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  4. Hay ciegos que ven más que videntes.

    Un beso.

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  5. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  6. Tiene que tener mucha vida tu tierra.
    Besos.
    Feliz domingo.

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  7. Fue la sorpresa, esos momentos de sopetón e inesperados que nos secan la boca y nos cortan la circulación y nos hacen mas torpes de lo que pretendemos y bastante mas cobardes de lo que queremos...
    Te ha quedado una entrada muy intrigante Lopillas.
    Besos
    :D

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