Esa
mañana, como todas desde que sufrió el ictus, fue a caminar por la
playa. Se descalzó y dejó que las olas de la orilla le refrescaran
los pies como tanto le gustaba a María. Clic. Al sentarse en un
escalón para secarse, vio un corazón hecho con caracolas iguales a
las que María coleccionaba. Clic. Apenas llegó a la terraza del
bar, el camarero apareció con su cortado y la prensa. Hoy le había
dibujado con la espuma de la leche una carita sonriente como la del
pin que llevaba María en la mochila. Clic. “Capricornio. No
busques más, lo que ocurrió ya es pasado así que intenta avanzar.
Acuario. Una paz inusitada te hará entender muchas cosas”. Clic.
Pagó con calderilla, se levantó y fue hacia el paso de peatones. El
monigote del semáforo estaba en verde para él como el día que
cruzó María. Clic.Clic.Clic.Clic.
Un beso.
ResponderEliminarClic!!!
Otro...
Clic!!!
Otro...
Je!!!
Me gusta tu escritura, es un deleite andar por aqui.
ResponderEliminarte invito a que pases por mi blog, ya te sigo.
Gracias.
Escribes hermoso.
Te dejo el enlace de mi blog por si te da por merodear por mis esquinas.
http://passionwithoutregrets.blogspot.com
Las rutinas se cumplen, clic.
ResponderEliminarBesos.
El pasado vuelve...
ResponderEliminarBesos.
Muchos clic, fogonazos, recuerdos, estados, me ha gustado mucho el texto Lopillas.
ResponderEliminarUn abrazo
:D
Es fácil asociar con personas que tanto nos han interesado.
ResponderEliminarLa vida está llena de clics.
El clic de la vida es un fotograma maravilloso
ResponderEliminarBesos
Ese soy yo.
ResponderEliminarPero sin ictus.
De momento :))
Un beso.
Esperamos que en cada clic se guarde algo más que la imagen, el sentimiento de esa mañana, lo que nos pasaba y nos hizo hacerlo...
ResponderEliminarBueno volver a leerte Lopillas!
Ahora con el móvil todos somos fotógrafos :) :) :)
ResponderEliminarSAludos.