El
otro día fui a un espectáculo de luz en la naturaleza fantástico.
Eramos
unos buenos cuantos, normal, teniendo en cuenta que son muy pocas las
actividades que se ofertan ahora mismo y que estamos todos algo
necesitados de estímulos.
Al
llegar y ver desde lejos el mogollón entré en modo estrés. Casi un
año de semi anacoreta pasa factura. Luego, a medida que te
acercabas, veías que la cosa estaba intentando ser controlada.
Distancia, ya sabes.
Nos
dijeron: “Vayan poniéndose en fila guardando la distancia” Y
allí que me puse. A la par que los de atrás. Y éstos me dicen: “No
guardas la distancia de seguridad”. “O ustedes” les contesté.
A éstas -con mi yo cabezona dispuesta a defender mi espacio-, que el
grupito con el que yo iba salió del hueco que ocupábamos y se
dirigió hasta el último espacio libre de la fila, que estaba a
tomar por culo a estas alturas. Traidores.
Total,
que me salí de la fila para seguir a mis judas y lo que ocurrió a
continuación ya lo han visto ustedes en la película “Aterriza
como puedas”. A medida que avanzaba hacia el fondo, cada uno de la
fila hizo terapia antiestrés conmigo de sparring: “idiota”
“imbécil” “estúpida”. Ole ole.
“Panda
de subnormales”, colaboré yo.
Ya
les digo, todo muy bonito.