De veras que este año se me hacía cuesta arriba la llegada de estas fiestas.
No sé si por el ambiente generalizado de estos tiempos medio duros, medio tristes, ó porque ya van pesando los coñazos protocolos del calendario sí ó sí sobre la espalda.
Navidad: a belén pastores, zumba zumba zumba la mari-mo-rena
Carnaval: que la vida es un idem –sí- y las penas se van bailando o o o ooooh
Semana blanca: si ya se ha derretido la nieve en el Teide, jodío lo tenemos, yeah yeah
Semana Santa: ¿alguno que lea esto recuerda cuando no se podía poner música siquiera? Para los más pibillos que lo lean, ASÍ ERA. Pues eso y más que los puretas os hemos conseguido, pa que veais ;)
Fiesta de magos autóctona total: vamos cantemos somos siete sobre el mismo maaaaaarrrrr. Ahí se les fue el baifo. Somos ocho. Que se dejaron la más graciosa.
Vacaciones de verano: vaaaaa, eso sí que mola mazo :)
Lo cierto es que pensaba, joé qué rollazo otra vez con la burra y los calzones roídos.
Decoré con algo de desgana la casa con algún toque, los justos, de chispitas navideñas.
Luego leí en un blog sobre el ritual de la elaboración de los rosquetes que en casa es tradición –los mejores, conste, los de mi madre- y noté una punzada de no sé qué. Después mi hija me contaba brincando y feliz los pocos días que faltaban para que la Carmen y el Gonzo lleguen, dos de sus primos que regresan por estas fechas con toda la troupe familiar que está desperdigada por esos mundos de dios; se alojarán en casa y alegrarán el ambiente con sus diabluras y entonces noté de nuevo otra punzada de no sé qué. Y directo al corazón me llegó esta felicitación vía e-mail de un angelito en minúsculas, que no en mayúsculas, que tengo muy cerca.
Es precisamente ese no sé qué de la Navidad.
Si pinchan la imagen podrán escuchar su arrorró. Es mi sobrina Sara, genio y figura. Si os apetece escuchar algo más de ella, pinchen sobre su nombre (yo me voy a por un pañuelo que babeo) Generación sssstupenda esta que viene!